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Cuernos consentidos

La televisión me ha enseñado grandes cosas y Friends, particularmente, ha sido la biblia para gran parte de mi vida y relaciones. De entre todas las cosas que he aprendido voy a destacar el Top Five plastificado.

Para las que no seáis fans de la serie (pena de muerte para todas vosotras), os comento brevemente de qué va el tema. Cuando estás saliendo con una chica, las únicas mujeres a las que puedes aspirar sin que se considere infidelidad son las que salen por la tele, por aquello de que son inalcanzables. Pues bien, ahí entra el Top Five plastificado, que consiste en elaborar un ranking de cinco chicas con las que te podrías enrollar y tu novia no podría decir ni hacer nada al respecto. Una vez seleccionadas las cinco afortunadas, la lista ha de plastificarse por dos motivos:

– Por seriedad, para formalizar el compromiso que acabamos de establecer.

– Para no hacer modificaciones de última hora porque, casualmente, Bárbara Lennie está justo a mi lado esperando el autobús.

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Aburrida de estar salida

Hay dos influencias negativas de las que beben algunas lesbianas: Shane y los hombres.

Ya son muchas las chicas que conozco que solo buscan sexo, hasta ahí todo bien. El problema empieza cuando se consideran seres superiores, wonanizers destroyers que creen que pueden tener a cualquier chica (aunque sea hetero) y adoptan comportamientos de cortejo masculinos y estúpidos. Es la pose, es la sonrisa socarrona y es la mirada. Es la mente retorcida que piensa que todos los ojos están fijos en ellas y que jamás recibirán un NO por respuesta.

Y yo pienso en la canción de L-Kan y me pregunto ¿no se aburrirán de esa vida?

Pues chica… ¡qué quieres que te diga! Yo no quiero una cola de tias en la puerta de mi casa, no quiero follar todas las noches, ni disfrutar haciendo sufrir a las demás.

Ah, por cierto: NO me gustáis;)

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Bolleras que…

Conocen otras bolleras por internet.

Hacen búsquedas en google de otras bolleras para obtener más información y fotos.

Finalmente se dan el Facebook porque es la nueva primera cita.

Así son las cosas en este 2011. Ya no se queda a la aventura con una chica para conocerse, con el miedo de que se esconda un orco detrás de esa foto de un precioso ojo verde que, en tamaño reducido, puedes intuir en la ventana del messenger. Ahora el primer café que se toma es cibernético. Se entabla una fluida conversación, se facilita un nombre de usuaro et voilà!, ya tenemos ante nosotras a la chica que nos robó varias horas de sueño la noche anterior frente a esta pantalla.

Hasta ahí todo normal pero recientemente ha llegado a mi conocimiento un nuevo escalón:

Bolleras que consultan los amigos comunes de otras bolleras.

Y es que ahora la prioridad no es cotillear las fotos, lo principal es descartar que no es una loca, que no es amiga de alguna ex ni tiene agregadas a chicas con las que hayamos quedado (y pasado).

Mucho cuidado amigas, los Seis grados de separación ya están aquí.

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¿La nueva cuna de las lesbianas?

Ayer por la tarde quedé para tomar algo con una amiga y, como hacía tanto frío, decidimos ir a un centro comercial y terminamos en el de Príncipe Pío.

De entrada los centros comerciales me saturan mucho y rápidamente fuimos a la zona de restauración (si se puede llamar así) a tomar una caña al Cien montaditos. Mientras hacía cola para pedir, me di cuenta de que las dos chicas que tomaban algo en la mesa de al lado eran lesbianas. No penséis que tengo un radar super desarrollado, es que estaban viendo fotos erótico-festivas en el teléfono de una de ellas. Al recoger el pedido observé otra pareja que se acababa de sentar, que también eran pareja por los arrumacos que se dedicaban, y ya me dio por pensar…

¿¿¿Cuántas bolleras puede haber en un centro comercial???

Total, que terminamos la cerveza y nos dirigimos a la salida a ver los puestecitos de la plaza y esquivamos a dos bolleritas púberes combatiendo el frío dándose el filetazo.

¿Hay algo que yo no sepa? ¿Qué coño pasa en Príncipe Pío?

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Cuánto daño ha hecho The L Word

Desde que esta serie comenzó a colarse en las casas de las lesbianas españolas, ya son muchas las que intentan etiquetar a cada chica nueva que conocen con un personaje de la serie. Incluso las hay que se describen a sí mismas con varios de ellos:

“Sí, es que yo soy alocada como Alice pero mis amigos me dicen que soy más como Bette, aunque realmente con quien me identifico es con Tina… ¿y tú?”

Y yo, cuando me dicen estas cosas, me quedo con una cara de multiplicar 534 por 123, debatiéndome entre seguirle la corriente o contestarle: ¿pero a ti qué te pasa?

Ojo, que no estoy criticando la serie, que me la he tragado enterita, viendo los capítulos de cuatro en cuatro porque no quería perderme ni  un pelo de la Peabody, pero de ahí a convertirlo en un referente para mi vida diaria… no sé, como diría Dori “es algo que me escama”.

Y si no, que se lo digan a las que ponen una foto de Shane en el perfil de Chueca.

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La amiga hetero

Siguiendo con heterosexuales, cómo olvidarnos de la querida amiga heterosexual. No sé quién fue la primera, si comenzó antes o después de Noemí de Gran Hermano, pero lo que está claro es que veo complicado que desaparezcan.

La amiga hetero es esa chica que conoces desde hace años, que siempre has observado con una sombra de duda sobre tu cabeza, ¿de verdad es hetero con esa pluma que tiene? La amiga hetero lleva años liándose con chicos, haciendo gala de lo mucho que liga con ellos y yendo un poco “de guarrilla”, o así se considera ella a veces.

Un buen día, la amiga hetero rompe los esquemas de tus amigas cuando aparece con una chica de la mano. Tú ya tenías claro desde hacía años que era lesbiana, era una situación de esas en las que piensas “es bollera, pero todavía no lo sabe”.

Hasta ahí todo normal. El quid de la cuestion llega cuando una tarde, tomando unas cañas con las amigas, os confiesa que ella es heterosexual, pero que se ha enamorado de Fulanita. ¿PERDONA? Sí, sí. Además, se conocieron de una forma muy curiosa: un día se le agregó al msn por equivocación, se pusieron a hablar y ¡surgió el amor!

Despues de meses de bolli-relacion bollidramática, tu amiga heterosexual está hecha mierda porque su novia la ha dejado. Un tiempo despues empieza a salir con otra chica pero… ¡ella sigue siendo heterosexual! y encima te argumenta que se enamora de la persona y no del sexo.

Quien la entienda, que la compre.

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El follar se va a acabar

En la vida de toda lesbiana llega un momento (o doscientos) en que renegamos de nuestra orientación sexual y  pronunciamos la gran frase:

“A partir de mañana me hago heterosexual”

Los motivos que nos hacen llegar a ese punto dependen mucho de cada  una de nosotras y, sobre todo, de las chicas que nos encontremos por el camino. A pesar de todo, existen ciertas situaciones universales que pueden servir como patrón para todas las demás:

– Una ruptura de pesadilla a lo Mulholland Drive. Seguro que todas estáis pensando en una historia concreta que habéis vivido o que os han contado. Una anécdota de esas dignas de un episodio de Halloween de los Simpsons, con zombies y goteo de encías.

– Conocer a varias psico-killers consecutivas. Esto desanima hasta a la más optimista. Llega un momento en que te consideras la única bollera normal del universo, de modo que editas tu perfil de Chueca, borras todos los campos y sólamente rellenas el de “Busco” para añadir: “alguien normal”.

– Una relación con mucho drama. Con un poco de suerte, si no tenéis muy desarrollado el gen del drama, podéis libraros de esta situación y pasar solo por la ruptura infernal, porque si el drama no lo tienen las dos partes de la pareja, es difícil que se dé este caso.

– El primer punto del decálogo de la buena bollera. Añadir que no es necesario que pase expresamente en el Escape, puede suceder en cualquier lugar.

– Ir a un par de fiestas estilo “2 fast 2 furious” y encontrarte con media docena de ex, o peor aún, con las ex de tus ex, que no sabes por qué todavía sigues odiando.

Como siempre, espero vuestros motivos y sugerencias.